Mikel Sánchez y su preparado de plasma sanguíneo que acelera las recuperaciones

por Redacción 09/07/2010 Imprimir
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Las rodillas de Rafa Nadal, ese gigantón moreno y mallorquín que aprendió a jugar a tenis con la zurda para desequilibrar a sus contrarios, han dejado de ser un problema. Vuelve a cosechar triunfos en Roland Garros y en Wimbledon. Como antes. Como antes de que su hiperdesarrollado tren inferior y la exigencia de la competición empezaran a pasarle factura en forma de sobrecargas y lesiones en los tendones y ligamentos de sus rodillas.

mikel-sanchez¿Qué ha pasado para que Rafa Nadal vuelva a ser un triunfador? La respuesta la tiene el cirujano ortopédico Mikel Sánchez Álvarez (Vitoria, 15 de mayo de 1955), un tipo amable y juicioso que defiende a capa y espada la discreción en su oficio (y en la vida).

Sánchez ha puesto a punto junto a su compañero Eduardo Anitua un método para recuperar lesiones que consiste en infiltrar en las zonas dañadas un plasma enriquecido obtenido a partir de la propia sangre del paciente. Los resultados son espectaculares. Una bomba.

Por las manos de su equipo han pasado miles de ciudadanos anónimos (la mayoría) y deportistas de élite como el propio Nadal, al que atiende hoy de nuevo en Vitoria, ciclistas como Joseba Beloki, Samuel Sánchez o Roberto Laiseka; futbolistas como Donato, Iraola, Ocio, Aranzubia, Orbaiz, Gabilondo o Yeste; baloncestistas de la talla de Chicho Sibilio, José Manuel Calderón, Tiago Splitter o Raúl López y pelotaris como Aimar Olaizola. El rey Juan Carlos también ha pasado consulta con Sánchez para solventar una lesión en el hombro.

En la entrada a la Unidad de Cirugía Artroscópica del doctor Mikel Sánchez, en el centro de Vitoria, se suceden las fotografías dedicadas de muchos de esos deportistas seguidas de agradecimientos sinceros. También las hay de escaladores y un panel completo con melées y agrupamientos de los chicos del Biarritz Olympique, con el internacional Rémy Martin, un rubión con nombre de coñac francés a la cabeza. «Auténticos atletas», dice.

Un chaval en 'el otro lado'

Mikel Sánchez mantiene unos intensos vínculos afectivos con 'el otro lado', como se conoce en Euskadi al País Vasco francés. En 1968, cuando tenía catorce años, su padre, Luis María Sánchez Íñigo, ligado al nacionalismo vasco y uno de los fundadores de la Bajada de Celedón, tuvo que exiliarse en San Juan de Luz junto a su familia. Mikel abandonó sus estudios de 4º de Bachillerato en los 'Coras' (donde había sido campeón de España de minibasket) y a sus compañeros que triunfaban en el concurso televisivo 'Cesta y Puntos' de Daniel Vindel, para enfrentarse a un mundo «extraño» y «sin amigos». Apenas sabía una palabra de francés. Su espíritu perfeccionista, recuerda hoy el traumatólogo, le impulsaba a callar por no equivocarse. «Pero allí todo era diferente. La música, el cine, la cultura... Los amigos pasábamos a Fuenterrabía y al Baztán para las fiestas. Era divertido. En San Juan de Luz, una ciudad hermosa para ir de vacaciones, pero muy solitaria en invierno, viví Mayo del 68: las huelgas de los policías, las vías del tren oxidadas... El contraste con todo lo que había conocido en Vitoria fue tremendo».

¿Cómo llega un muchacho así a ser un referente mundial en el campo de la cirugía ortopédica? Sánchez recuerda que era uno de esos niños que siempre tiene animales en casa... insectos, cobayas y otros pequeños roedores. «Me picaba la curiosidad por ver cómo estaban hechos», sonríe.

Como una cosa lleva a otra, estudió Medicina en la Universidad de Burdeos, una facultad de prestigio a la que, en la época, llegaban hasta estudiantes norteamericanos como, su hoy colega, Eugene Wolf. Allí fue alumno de Jacques Senegas, profesor de Anatomía y el hombre que le guió en sus primeras operaciones. Antes de acabar la carrera, Sánchez daba ya clases prácticas en el departamento de Senegas.

En cuarto de carrera Mikel Sánchez comenzó sus prácticas en el Hospital Santiago de Vitoria donde conoce a Fernando Anitua y a Jaime Rojo. Decide dedicarse a la Traumatología pese a que sus compañeros no dejaban de tomarle el pelo por su modo de pronunciar el castellano. Debió hincar los codos a fondo para aprender (esta vez en español) todo el vocabulario médico.

Su residencia (1979) coincide con la llegada de las técnicas de la artroscopia, una cirugía poco invasiva que permite ver las articulaciones y realizar pequeñas cirugías con anestesia local. Se especializa. «En aquellos tiempos, un deportista que se rompía el ligamento cruzado se veía obligado a dejar el deporte, como le pasó a Camacho. La artroscopia revolucionó el modo de tratar aquellas lesiones. Empezamos a hacerlas en Vitoria y nos dimos a conocer en el mundo», dice. Al principio, subraya, no fue fácil. Hasta tuvieron que construirse el rudimentario instrumental, 'hierros' diseñados en la casa de Gopegui de sus 'aitas' y cuyo prototipo vio la luz en el taller de su suegro.

Los tornillos de Robocop

Desde entonces a hoy, la tríada trágica de rodilla (vaya nombrecito) y las lesiones de hombro han dejado de ser una ruleta rusa. «El 85% de los operados de tríada vuelven hoy a alcanzar el nivel anterior a su lesión», dice el doctor Sánchez que realiza unas 800 operaciones al año desde hace 32. «Operar mucho es bueno. Hoy los pacientes salen por su propio pie y comienzan una rehabilitación precoz. Las recuperaciones se consiguen en la mitad de tiempo. Se nos conoce porque atendemos a deportistas famosos, -apunta- pero las técnicas son las mismas que desarrollamos con los demás pacientes».

En unas pequeñas urnas instaladas sobre la mesita de la sala de espera de la unidad del doctor Sánchez, hay tornillos de titanio, férulas, pernos y escaletas metálicas, armamento suficiente para crear un nuevo Robocop. «Ésa es la historia viva de la ortopedia. Todo ese material se lo hemos quitado a pacientes en el quirófano». Hoy, dice Mikel Sánchez, las cosas se hacen de otro modo. Menos mal...

Vía: EL CORREO

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