Lesiones más habituales en el esquí

Lesiones más habituales en el esquí
por Redacción 11/02/2011 Imprimir
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Lesiones en el esquí. El dedo pulgar de la mano puede decir mucho de una persona. Si lo alzamos, queremos expresar que todo nos va bien, que estamos contentos, que la vida nos sonríe. Si lo bajamos, le transmitimos a nuestro interlocutor la idea de que nos sentimos decaídos y con poco ánimo (salvo si uno es emperador romano, que en ese caso, está sentenciando a un gladiador). Y si es invierno y lo llevamos vendado, probablemente estamos mandando al mundo el siguiente mensaje: este fin de semana he estado esquiando y me he lesionado. El 'pulgar del esquiador', que así se llama una de las lesiones más frecuentes entre los aficionados a la nieve, se produce debido a la fuerza que ejercen la correa o el puño del bastón sobre este dedo en una caída en la nieve, de tal forma que se provoca una desviación antinatural de los ligamentos.

Uno de cada diez heridos en las pistas sufre el 'pulgar del esquiador', la más 'propia' de las dolencias que atienden los médicos de las estaciones de invierno, pero ni mucho menos la única. Esguinces de rodilla, roturas de ligamentos o rotura de menisco, fracturas de tibia y peroné, luxaciones de hombro, traumatismos cranoencefálicos... La lista no tiene fin. Y es que, como recuerdan los especialistas en lesiones deportivas, ningún aficionado debe olvidar que la nieve no es tan inofensiva como parece y que el esquí y más aún, su hermano pequeño (pero cada vez más crecido), el snowboard, son actividades de alto riesgo.

«La falta de preparación física y las imprudencias son las principales causas de las lesiones en las pistas», explica Luis Solano, médico de la Mutua de Accidentes de Zaragoza (MAZ) y experto en las lesiones de los deportes de invierno. Por su camilla pasaron en 2009 más de 7.000 esquiadores con las más diversas contusiones. La mayoría de ellos no requiere una atención exhaustiva: son principiantes que acuden a la enfermería con llamativos moratones, más o menos graves, producidos por caídas o golpes. De hecho, el 55% de los accidentes tiene lugar durante los primeros siete días de aprendizaje. «Estas incidencias se producen por pérdidas de control y choques con otras personas y no suelen revestir excesiva importancia », informa el doctor Solano.

Aunque pueda resultar paradójico, los casos más preocupanteslos protagonizan los esquiadores expertos, aquellos con más horas de vuelo sobre la nieve, a causa, especialmente, de una velocidad inadecuada en las pistas y del exceso de confianza. Los traumatismos torácicos y los cranoencefálicos dan muchos problemas en las estaciones. «Lógicamente, en nuestros servicios médicos no tenemos los mismos medios que en los grandes hospitales, así que debemos actuar rápido para tratar las incidencias graves», destaca Luis Solano.

Pero son excepciones. Más comunes en las enfermerías de lasestaciones de esquí resultan, por ejemplo, los casos de rotura de ligamento cruzado anterior o de rotura del ligamento interno de la rodilla. Y también, no conviene olvidarlo, las laceraciones cutáneas y las quemaduras causadas por el sol: crema de factor alto, gafas y un protector labial son tan imprescindibles como los esquíes o los bastones. Un 6% de los esquiadores se quema en las pistas.

Muy a su pesar, María José Rienda, la mejor esquiadora española de la historia con permiso de Blanca Fernández Ochoa, es toda una autoridad en lesiones. Rienda, ganadora de seis pruebas de la Copa del Mundo, comenzó su particular calvario en 2006, cuando un mal giro le causó la lesión más temida en cualquier deportista, la triada (rotura del ligamento lateral interno y del cruzado anterior, además del menisco), en su rodilla derecha.

Con el doctor Steadman

María José Rienda se puso en manos del prestigioso médico americano Richard Steadman, que también ha operado a Kobe Bryant o Ruud Van Nistelroy, entre otros deportistas, en su clínica de Colorado. En una intervención quirúrgica que duró dos horas, Steadman le colocó un nuevo ligamento. Y tras aquello llegó una durísima recuperación de dos años: la campeona volvió a las pistas el 25 de octubre de 2008. Pero apenas un mes después, el 29 de noviembre, en un gesto que ha realizado a lo largo de su carrera «unas 1.500 veces», Rienda se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y se perdió casi por completó una temporada más.

Desde su privilegiada atalaya, la esquiadora aconseja a los aficionados que dos meses antes del inicio de la temporada invernal acudan a los gimnasios para mejorar la fuerza de sus músculos, trabajando especialmente los cuádriceps y los isquiotibiales. También recomienda ejercicios de equilibrio que fortalezcan las rodillas. «Un buen físico se convierte en la mejor protección», asevera la granadina, antes de prevenir contra otro de los males de los esquiadores: una vuelta a las pistas demasiado temprana tras una lesión.

Ella pasó tres años sin competir, pero sabía que no podía precipitar su regreso, una máxima que deben aplicarse también los esquiadores de fin de semana. «Una buena recuperación es básica y debe estar en manos de profesionales con el fin de evitar que las dolencias se vuelvan crónicas», insiste Rienda. Y es que los descensos por las laderas de las montañas entre la nieve solamente deben recordarse con bellas fotografías, no con dolores que acompañen al esquiador durante toda la vida.

Las cifras

2-3

La probabilidad de sufrir una lesión importante durante una jornada en la nieve se sitúa en 2-3 casos por cada mil esquiadores

55%

Más de la mitad de los accidentes (el 55%) se producen en esquiadores que están en su primera semana de aprendizaje

4-6

La rotura de los ligamentos de la rodilla, la lesión más frecuente en el esquí, conlleva una recuperación de entre 4 y 6 meses

6%

El 6% de los esquiadores sufre algún percance durante una jornada en las pistas

20

Entre 2004 y 2008 murieron 20 personas en España mientras practicaban esquí, la mayoría por traumatismos cranoencefálicos

6-8

El periodo de recuperación tras sufrir la lesión del 'pulgar del esquiador' requiere entre 6 y 8 semanas

Vía: El Correo

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